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Ignacio Ellacuría Beascoechea

IGNACIO, hijo de un conocido médico oftalmólogo, nació el 9 de Noviembre de 1930 en Portugalete, en la provincia española de Vizcaya. Se educó en un ambiente familiar muy religioso, que se encuadraba perfectamente en el catolicismo de la postguerra.

Al igual que sus hermanos, Ignacio estudió en el internado de San Javier de Tudela, ingresando después en la Compañía de Jesús, en donde tras recibir el preceptivo noviciado en Loyola, fue enviado con 18 años, antes de abrazar el sacerdocio, a formarse en Centroamérica.

Tras cursar en El Salvador y Ecuador durante tres años humanidades y filosofía, estudió otros tres años teología en Innsbruck (Austria) y uno más en Irlanda, doctorándose en filosofía en Madrid, disciplina ésta en la que destacó desde el principio.

La tesis del doctorado fue sobre el filósofo Xabier Zubiri, con el que había trabajado íntimamente varios años como discípulo. Zubiri sentía por él un gran afecto y amistad, valorándole altamente como colaborador suyo.

Colaboró muy de cerca con Monseñor Romero, arzobispo de San Salvador luego asesinado, y en 1979 fue nombrado rector de la UCA, Universidad Centroamericana, donde realizó una intensa labor académica. Su calidad intelectual y humana adquirió relieve internacional a través de sus conferencias, artículos y libros.

A través de la teología de la liberación se opuso a la afirmación de que Dios es la miseria y la opresión que desfigura y mata a sus hijos. Trabajar por su liberación y por la vida es afirmar históricamente a Dios.

Dedicado a la pacificación de aquel país, llevó a cabo cerca de 400 gestiones, entrevistándose con la guerrilla, el gobierno y los norteamericanos, al más alto nivel. En 1985 funda la Cátedra de la Realidad Nacional, la cual se convirtió en un foro abierto, donde se discutieron los problemas nacionales y regionales. En ella hablaron políticos, sindicalistas, dirigentes populares y eclesiásticos, desde ahí, Ellacuría pidió a sus adversarios que combatieran sus ideas con otras ideas y no con bombas ni con balas. La cátedra llegó a ser un acontecimiento cubierto por periodistas, fotógrafos y embajadores.

Aunque también había criticado la violencia de la guerrilla, la Iglesia de Juan Pablo II no entendió su postura siendo llamado en más de una ocasión a Roma, donde siempre encontró apoyo incondicional en el jesuita bilbaíno Pedro Arrupe, gran amigo suyo. Visitaba cuando podía a su familia en Portugalete, aprovechando las visitas para acudir a la “catedral” y ver a “los leones”. De vuelta de uno de sus viajes, tras haber sido elegido en Salamanca, presidente de todos los rectores iberoamericanos, ELLACURÍA que ya había sufrido varios atentados en su vida, cayó asesinado el 16 de noviembre de 1989 junto con otros cinco sacerdotes jesuitas, una mujer que se desempeñaba como cocinera de la residencia y su hija de 15 años.